La ‘nueva normalidad’ que deberíamos crear

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Por: Morela Hernández

Actualmente existimos dentro de un mundo que se descongela de las limitaciones de la rutina, los hábitos y las normas. Al aprovechar este momento para explorar, experimentar y aprender, las organizaciones y las partes interesadas de su comunidad tienen una oportunidad única para redefinir el alcance de sus prioridades y acciones colectivas.

Uso deliberadamente la palabra “descongelado”. Siguiendo el estudio de 1947, del psicólogo conductual Kurt Lewin, quien propuso un modelo de proceso de cambio que denotaba tres etapas: descongelación, cambio y recongelación.

Lewin construyó su modelo a partir del supuesto de que las personas ven el cambio como algo indeseable, debido a la inherente incertidumbre y que es poco probable que las organizaciones cambien, debido a los riesgos sociales y financieros asociados con la desviación del status quo.

El primer paso requerido es crear las condiciones para cambiar y descongelar. Kurt propuso que sólo entonces, a través de aumentos en las presiones que facilitan la necesidad de ajuste o transformación, y al reducir la resistencia y la tensión ante la posibilidad de alteración, el cambio se convertirá en una próxima etapa viable.

Por lo general, la descongelación es lenta y lleva tiempo, pero la pandemia de COVID-19 ha descongelado efectivamente las esferas de la vida social y profesional en cuestión de meses. Un buen ejemplo es cómo la pandemia ha puesto al descubierto las desigualdades raciales cosidas en el tejido de la historia de Estados Unidos.

Las protestas y los disturbios civiles, después de la pérdida desproporcionada de vidas de ciudadanos estadounidenses negros y morenos por el virus, y las condiciones preexistentes, como la brutalidad policiaca, ilustran la desintegración del status quo y un cambio más amplio de percepciones y comportamientos.

Este proceso de descongelación ha traído consigo la posibilidad de un cambio radical: estamos viviendo en un momento rico en oportunidades para mejorar fundamentalmente cómo vivimos, cómo nos relacionamos con la sociedad, cómo interactuamos con el gobierno y cómo hacemos negocios.

Cuatro áreas principales preparadas para el cambio

Los líderes han tenido una apertura sin precedentes en el momento de desarrollar nuevos enfoques para interpretar y derivar significado y propósito de eventos caóticos. Específicamente, el propósito de la organización crecería para incluir reformas sociales, equidad, y una recalibración de las compensaciones de riqueza y salud.

Considere cuatro áreas principales dentro de Estados Unidos, mediante las cuales los tomadores de decisiones pueden promulgar un cambio radical. Es importante tener en cuenta que esta lista se encuentra de ser completa y que mi objetivo no es proponer soluciones. Más bien, quiero destacar cómo la descongelación ha creado una maleabilidad extraordinaria en los siguientes sistemas.

  • Nuestro sistema de salud pública. Actualmente, los hospitales en territorio estadounidense son empresas orientadas a los ingresos (incluso cuando son organizaciones sin fines de lucro, exentas de impuestos). Funcionan como los hoteles: las camas equivalen a las tasas de ocupación, que están vinculadas a los ingresos. La alta volatilidad en la demanda y la oferta provocada por la pandemia de coronavirus ha ilustrado las limitaciones de este modelo de negocio; algunos hospitales se sobresaturaron, mientras que otros tuvieron que cerrar.

Los cambios en nuestro sistema de salud pública ofrecerían una mayor alineación con las preocupaciones de bienestar social. También podría permitirnos una mayor flexibilidad para ajustar y responder a futuros eventos de crisis.

  • Nuestro sistema educativo. COVID-19 ha revelado cuán entrelazada está la actividad económica con las estructuras educativas: las personas no pueden volver a trabajar hasta que sus hijos vuelvan a la escuela. La carga de hacer malabarismos con el trabajo, la familia, la educación en el hogar y muchas otras tareas en las esferas personales y profesionales es insostenible, especialmente para las madres que trabajan.

Las inconsistencias en el acceso a Internet y el apoyo social, que son responsables de obstaculizar la capacidad de los estudiantes y los educadores para pivotar a las plataformas en línea son barreras insidiosas que podrían eliminarse. Estos problemas conocidos, desde hace mucho tiempo, son evitables si se realizan las inversiones adecuadas en educación e infraestructura de Internet en todo el país.

  • Nuestras cadenas de suministro. La falta de acceso a equipos de protección personal y productos farmacéuticos ha dejado en claro cuán distribuidas globalmente están nuestras cadenas de suministro, y que carecemos de control en esas redes operativas.

Un cambio a una mayor producción nacional de lo que una vez estuvo totalmente condicionado a los actores globales representa un cambio potencial. Otro cambio podría ser que los encargados de la toma de decisiones organizacionales vuelvan a prever qué se debe distribuir y a quién. Considere cómo la crisis ha exacerbado tanto el desperdicio generalizado de alimentos como la aguda inseguridad alimentaria que experimentan muchos estadounidenses, especialmente los niños. Las organizaciones, particularmente aquellas con poder de mercado, podrían llegar a creer que este tipo de desperdicio y desigualdad es inaceptable.

  • Nuestro sistema ambiental. La pandemia ha permitido vislumbrar un posible futuro, uno que muestra cielos azules despejados del smog y la reaparición de la vida silvestre en sus hábitats naturales (restaurados). Para que estos avistamientos de animales se conviertan en una nueva normalidad, es necesaria la colaboración global para abordar el cambio climático. Tenemos que recordar que la próxima pandemia no está muy lejos de ésta.

Los cambios radicales y aguas arriba que alteran fundamentalmente el diseño de nuestros sistemas sociales y económicos actuales, representan un camino para abordar el problema catastrófico y sensible al tiempo del cambio climático. Algunos diseñadores urbanos, por ejemplo, han cuestionado la conveniencia de las ciudades densamente pobladas. Rediseñar la naturaleza misma de nuestros hogares y espacios de trabajo, junto con centrarse en las tecnologías renovables, podría comenzar a cambiar nuestras prioridades colectivas para mejorar la salud de nuestro planeta.

El desafío de la parálisis

Cada una de estas áreas, a menudo consideradas barreras intratables para el cambio, que son demasiado complejas de abordar, representa una forma tangible, por medio de un cambio importante que podría escalar para generar un futuro más equitativo y sostenible que nuestras circunstancias actuales.

Sin embargo, el desafío de este momento, de existir dentro de un mundo no congelado, es la parálisis en la toma de decisiones. Puede parecer que muchas variables están cambiando demasiado rápido para ser comprendidas e integradas en un plan coherente.

La falta de una dirección coherente y una visión inspiradora sobre cómo lidiar con la pandemia nos ha hecho sentir ansiosos y abrumados. Estas dificultades se han exacerbado por nuestra incapacidad para conectarnos interpersonalmente, luego del distanciamiento social. Agregue a eso el costo económico del desempleo y la desaparición de las empresas locales, así como la tensión de presenciar la pérdida de vidas y experimentar disturbios sociales.

Estos factores han desestabilizado profundamente a la vez nuestro orden mundial y han exigido colectivamente una mayor compasión, equidad y transparencia, tanto a nivel nacional como global. Considere la interconexión de nuestras luchas: se centran en nuestro deseo humano de comprender, inspirarnos, conectarnos con los demás, sobrevivir y prosperar.

Ahora es el momento de actuar. Ahora es el momento para que los líderes, los servidores públicos y los miembros de la sociedad trabajen para mejorar los sistemas esenciales. ¿Qué nueva normalidad crearías tú?

Versión al español por Armando Cintra Benítez publicada en MIT Sloan Management Review México.

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